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Las nuevas tecnologías irrumpieron en el mercado y se transformaron en la mejor herramienta para las fábricas: en la era digital, cada vez es más importante producir con una mayor orientación a la demanda y de manera más flexible. Así como la máquina a vapor marcó un antes y un después en la historia, es fundamental entender que nos encontramos en otro momento clave que significa un quiebre.

Incorporar la tecnología necesaria permitirá utilizar los recursos de manera más eficiente, incrementando la producción en más del 20%. Según las estimaciones del World Economic Forum, una fundación económica mundial sin fines de lucro, la Cuarta Revolución Industrial incorporará en los próximos 15 años US$14.200 billones de dólares a la economía mundial. Dentro de cada industria, esto traerá como resultado numerosas ventajas competitivas, como ser:

  • Capacidad de adaptación constante a la demanda;
  • Servir al cliente de una forma más customizada ;
  • Aportar un servicio post-venta personalizado para el cliente;
  • Diseñar, producir y vender productos en menos tiempo;
  • Añadir servicios a los productos físicos;
  • Crear series de producción más cortas y rentables;
  • Tomar decisiones rápidas luego de analizar la información en tiempo real.

Pero una transformación de esta magnitud no puede darse del día para la noche. Si bien la incorporación de las nuevas tecnologías tiene que ser entendida y aplicada por todos los miembros de la empresa, esto es un proceso que debe que ser liderado por los directivos. En este sentido, los principales obstáculos en la actualidad son: la falta de una cultura digital y formación adecuada; la ausencia de una visión clara de las operaciones digitales y el liderazgo de la alta dirección; un conocimiento confuso de los beneficios económicos de invertir en tecnologías digitales; y talento insuficiente.

La clave a la hora del cambio reside en una transformación de la cultura organizacional. Hay que establecer un proceso ordenado para implementar e integrar tantas tecnologías como nuevas capacidades posibles. Para esto, es necesario desarrollar un plan que sirva de guía en este proceso:

Elaborar un diagnóstico situacional: analizar las áreas a mejorar y el nivel de madurez tecnológico, es decir, qué se está usando en el momento y cuál es el impacto que tiene.

Definir la estrategia: determinar los objetivos y de qué manera puede incorporarse al sistema productivo para complementar y potenciar la estrategia de negocio.

Desarrollar la hoja de ruta apropiada: planificar los pasos de implementación necesarios y trabajar en una hoja de ruta detallada que esté al alcance de todos los miembros del equipo.

Armar pruebas piloto: la incorporación de las nuevas tecnologías significan un cambio radical en el funcionamiento productivo. Por eso es importante que antes se realicen las pruebas piloto debidas para analizar los beneficios y especificar cuáles son las necesidades y las capacidades a desarrollar.

Despliegue segmentado y desarrollo de capacidades: después de una prueba piloto exitosa, la incorporación de tecnologías deberían iniciar en aquellas áreas productivas donde se espera un mayor beneficio, siguiendo el criterio de segmentación que se considere más adecuado. Las capacidades y la adaptación de los empleados irá evolucionando en la medida que este proceso se vaya desarrollando.

Todo esto conllevará un período de adaptación y aprendizaje. La implementación de las nuevas tecnologías funcionará si cada miembro recibe la comunicación debida y se adapta a esta nueva realidad: sólo el trabajo conjunto producirá los frutos esperados.

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